sábado, 20 de marzo de 2010

-Oye… Tenemos que hablar.- Dio un sorbo a su colacao fresquito y se le quedo bigote de leche en los labios. Ella dejó de ojear su revista, la cerro y le miró a sus ojos azules: ¿Qué pasa, Oliver? -Bueno… No se muy bien por donde empezar -¿Qué te ha pasado? ¿Algún accidente doméstico? ¿Algo grave? ¿Familia? -No, no. No te preocupes por nada de eso. Es algo que tu no te imaginas -Pensé que había sido algo grave. Joder, Oliver. -¿Algo más grave que la angustia de estar enamorado? -¿Enamorado? ¿Enamorado de quien? Él la miró, abrío los ojos, esbozó una sonrisa, y la volvió a mirar. La miró por tercera vez y dijo: ¿De quién crees? -Oliver… tenemos catorce años, ¿No crees que somos demasiado jóvenes para enamorarnos? -No -Entonces yo tampoco lo creo. Y tan sólo bastó una mirada, de sus ojos azules, de los suyos marrones. Una caricia, un acercamiento. Un tirante mal colocado… y todo lo demás

No hay comentarios:

Publicar un comentario