viernes, 26 de febrero de 2010

-Bienvenida otra vez -musitó, tomándome en brazos- Has dormido profundamente, no me he perdido nada -sus ojos centellearon- empezaste a hablar en sueños muy pronto. -¿Qué oíste? -Los ojos dorados se suavizaron. -Dijiste que me querías. -Eso ya lo sabías -le recordé, hundí mi cabeza sobre su hombro. -Da lo mismo, es agradable oírlo. Oculté la cara contra su hombro. -Te quiero -susurré. -Ahora tú eres mi vida -se limitó a contestar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario